Catalanismo popular frente al nacionalismo excluyente

Catalanismo popular frente al nacionalismo excluyente
Manel García Biel

En Catalunya hoy la ideología dominante es la del nacionalismo conservador de la que CiU es el principal exponente. A su lado aparece otro nacionalismo complementario, el españolista, también en crecimiento y representado principalmente por el PP. En los últimos años la tendencia dominante que siempre había sido la federalista, está bajando posiciones mientras crecen tanto el independentismo como el españolismo.

El presidente Mas dice que la bandera es lo que nos une a todos al margen de creencias o de lenguas. A pesar de lo que diga la realidad es que el nacionalismo conservador quiere capitalizar y monopolizar la totalidad del concepto nacional.

¿Frente esta dualidad nacionalista de la derecha, que se envuelve cada una de ellas en sus respectivas banderas, que hay que hacer? Es evidente que la mayoría creemos que Catalunya es una nación, y por tanto es necesario que se reconozca que como todas las naciones hay una diversidad de clases con intereses contrapuestos. Es decir no hay una Catalunya, sino que Catalunya es, como toda nación, una realidad compleja donde se dirimen intereses sociales contrapuestos que hay que hacer emerger. El nacionalismo conservador intenta siempre presentar una cara victimista respecto al resto del estado, y esconder la realidad del conflicto social propio. En esa posición recibe la ayuda interesada del nacionalismo españolista y su representación en Catalunya, al que le interesa la división de la ciudadanía en relación a su lengua o su lugar de origen. Ambos nacionalismos conservadores coinciden en una cosa, el rechazo electoralista a la emigración foránea que puede convertirse en el “chivo expiatorio” en un momento de crisis, especialmente a partir de un hecho real, los inmigrantes foráneos no votan, y eso la derecha lo tiene muy presente, al igual que su ideario de nacional-catolicismo que tiene una importante influencia en los dos nacionalismos conservadores tanto sea catalán como español.

Frente esta dualidad de la derecha, hoy en Catalunya, es necesario que la izquierda vuelva a reivindicar el catalanismo popular. Cabe recordar que este fue hegemónico en Catalunya a lo largo de toda la década de los setenta. El catalanismo popular está basado en la defensa de los intereses de la mayoría de la ciudadanía. En los años setenta la izquierda, bajo el pensamiento hegemónico del PSUC, defendió a la vez los intereses nacionales de Catalunya y los intereses sociales de la mayoría de las clases populares. Hoy en día el catalanismo popular se concretaría en la defensa de los intereses mayoritarios de la población. Y eso quiere decir la defensa de los servicios públicos de calidad, la sanidad, la educación, la ley de dependencia, los transportes, etc. Esta defensa, al contrario de los recortes de los conservadores, significa que se es partidario de gravar con impuestos progresivos a los sectores más ricos, los especuladores, los defraudadores, los que viven de la economía sumergida, etc., eliminando las subvenciones a sectores privilegiados.

El catalanismo popular es aquel que defiende la voluntad de construir una sociedad de ciudadanos, unida y solidaria donde todos sean valorados igual, independientemente de su lugar de nacimiento, en Catalunya, en España o en cualquier otra parte del mundo. El catalanismo popular es el que defiende encarnizadamente el respeto a los derechos e intereses justos de Cataluña. Esto significa defender la lengua y la cultura y significa un sistema de financiación justo para Catalunya y solidario con el resto de pueblos del estado. Un catalanismo popular que reivindique de nuevo ese dicho de “que es catalán quien vive y trabaja en Catalunya”.

Hoy sin embargo, el catalanismo popular significa también tener una posición clara respecto a la situación económica actual. Conlleva luchar contra la crisis y no sólo contra el déficit que es una de sus consecuencias. Plantear un modelo en lo referente a la lucha contra la crisis basado en la necesidad de potenciar el desarrollo y la lucha contra el paro, potenciando un modelo más competitivo y de calidad. Un modelo que potencie nuevos sectores de mayor valor añadido; el valor de la formación y el trabajo estable; la consolidación del estado del bienestar; y que sea un desarrollo sostenible y respetuoso con el medio natural de Catalunya. Y que también apueste claramente respecto a avanzar en la unidad política, económica y social de la UE.

La defensa de los intereses nacionales basados en los derechos de los ciudadanos, la justicia social y el respeto al medio son bases sobre las que debe sostener este catalanismo popular para que pueda confrontarse con los nacionalismos excluyentes, privatizadores y depredadores de las derechas.

Podemos poner ejemplos concretos en la Catalunya de hoy. La derecha, catalana y española, defiende los recortes al estado del bienestar y la no subida de impuestos directos a los sectores más acomodados. El catalanismo popular, por el contrario, defiende no recortar el estado del bienestar y por el contrario subir la presión impositiva, especialmente los sectores más ricos o que hoy no pagan impuestos o los evaden. Hay que tener en cuenta que en Catalunya hay un 9% menos de presión impositiva que en la media de la zona euro, ya la vez hay un 9% menos de gasto social. Hay que decir que esta posición no supone incrementar la presión a todo el mundo, ni a los que ya pagan, sino a determinados sectores que no pagan o pagan poco, no puede ser que las rentas del capital paguen un 20% mientras son mucho más altos los porcentajes que gravan las rentas del trabajo.

Hoy el catalanismo popular es aquel que defiende el modelo educativo de inmersión lingüística en Catalunya, que es un modelo de éxito, al tiempo que se opone al recorte de los presupuestos para la educación pública que hace CiU, con el apoyo del PP. Hay que decir que la inmersión lingüística fue fruto de la hegemonía de la izquierda que quería evitar la división social en base al idioma, incluso con la incomprensión de sectores de CiU que preferían dos redes escolares una en catalán y otra en castellano.

Hoy el catalanismo popular significa estar en las antípodas de la posición que defiende el señor Duran Lleida, tanto a sus mensajes populistas y xenófobos contra los inmigrantes, como también en contra de sus críticas, también electoralistas, contra los subsidios que perciben los jornaleros en Andalucía y Extremadura, máxime cuando el propio Duran ha sido el principal defensor de las subvenciones a las grandes constructoras concesionarias de autopistas en Madrid

Es evidente que, hoy por hoy, el catalanismo popular que se confronta con el nacionalismo conservador de CiU y PP es aún minoritario en la izquierda catalana. Especialmente después de la deriva de ERC, que ha dado un giro de 180 º y vuelve a la época de los Barrera o Colom y que bajo el lema “Entre Catalunya y izquierda escogemos Catalunya”, no hacen más que volver a hacer “de monaguillos “de CiU. Por otra parte el PSC está aún viviendo en el desconcierto derivado de las políticas de ZP así como su propia división entre más o menos catalanistas, y con discusiones etéreas sobre si deben hacer o no grupo propio en el Congreso de los Diputados, obviando los problemas reales de Catalunya y sobre todo no planteando de que significan políticas de izquierda.

Hoy el catalanismo popular sólo tiene un valedor claro, la candidatura de ICV-EUiA que encabeza el que fuera secretario general de CCOO de Catalunya, Joan Coscubiela, y que quiere generar ilusión y confianza en sectores desencantados de la ciudadanía de izquierdas y de progreso y que trata, como ha dicho públicamente el candidato a diputado, “que nadie de izquierdas se resigne, y por tanto que vote, ya que ahora es la hora de la política en su mas alta concepción”.

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