Cayo Lara se equivoca

Cayo Lara se equivoca
Javier Madrazo

La noche electoral del pasado 20 de Noviembre, Cayo Lara valoró los resultados obtenidos en las urnas por Izquierda Unida con la siguiente expresión: “Por fin, la alegría llega a casa del pobre“.  Ahora, cuando aún no ha transcurrido un mes desde aquel día, podemos decir, sin lugar a dudas, que esta alegría ha durado muy poco.  Cayo Lara ha decidido mandar a galeras  a Gaspar Llamazares en el Congreso de los Diputados, en una decisión tan arbitraria como poco acertada, que tendrá consecuencias negativas en el futuro de Izquierda Unida. El pluralismo interno, el reconocimiento a todas las sensibilidades y el diálogo en la toma de decisiones han quedado, una vez más,  reducidos a cenizas, lastrando la imagen de una formación política, que por una razones u otras no es capaz de cohesionarse, generar ilusión y ganar la confianza de la ciudadanía. Las divisiones son el cáncer de Izquierda Unida y Cayo Lara ha tomado el testigo de las peores prácticas políticas, que se sustentan en el castigo a quien tiene opinión y criterios propios. Gaspar Llamazares ha trabajado siempre con lealtad al proyecto de Izquierda Unida y a sus dirigentes, entre ellos al propio coordinador general y a su equipo.   Esta vendetta era, por tanto,  completamente innecesaria. Apelar a la renovación para justificar una medida como ésta es una mentira más, que a estas alturas nadie cree.   Gaspar Llamazares tiene credibilidad política y personal como referente de una izquierda abierta, ecosocialista y republicana, con la que muchas personas nos sentimos identificadas.  La prueba el 13,7 por ciento de apoyo que recibió en Asturias, el mayor de los registrados por Izquierda Unida en todo el Estado español.  Cayo Lara pierde un gran colaborador, con el que podría haber fortalecido el proyecto de Izquierda Unida en el Congreso de los Diputados y en la movilización social. Se queda también sin un interlocutor con el mundo de la cultura y el tejido asociativo más comprometido.  Confío, en cambio, en que la ciudadanía progresista sabrá mantener viva su confianza en Gaspar Llamazares porque su papel en el izquierda es necesario, aunque incomode a quienes tienen una visión más reduccionista de la política y las formaciones.

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