El problema es la falta de alternativa política

El problema es la falta de alternativa política
Manel García Biel

En las manifestaciones del pasado 19 de febrero, la izquierda social organizada, es decir los sindicatos mayoritarios volvieron a demostrar que existen. Los trabajadores desmintieron a los voceros del gobierno y a su mensaje mentiroso de que la oposición sindical a la Reforma Laboral es por su perdida de poder. Los trabajadores saben que dicha Reforma los deja inermes ante los empresarios y sin su mejor instrumento de defensa: los sindicatos.

Los sindicatos, con inteligencia, no han ido detrás del trapo rojo que les enseñaba el gobierno y han decidido una estrategia de movilización de largo recorrido, comenzando por la explicación de los contenidos de la reforma y siguiendo el recorrido del trámite parlamentario y sus posibles modificaciones. Los sindicatos no quieren caer en la trampa de entrar al trapo. Todos recuerdan lo sucedido en Gran Bretaña con la fracasada huelga minera dirigida por Scargill contra Tatcher y como aún hoy el movimiento sindical británico no se ha recuperado de la derrota.

Por tanto los sindicatos de momento calientan motores con las primeras movilizaciones y extienden la explicación de la situación a los trabajadores. Saben que se encuentran en una situación compleja. El Gobierno del PP no lleva ni tres meses, de una legislatura de cuatro años, en la que cuenta con una mayoría absoluta a la que debe sumar su apéndice de CiU. Todo el mundo sabe que la situación laboral no mejorará con las medidas sino que empeorará. Después de las elecciones andaluzas el Gobierno aprobará un durísimo plan de ajuste a través de la Ley de Presupuestos. Todo esto son elementos a tener en cuenta. Y en todo caso, como dijo Toxo, si se ha de convocar una huelga general serán los sindicatos los que decidan cuando. Y debe ser cuando le haga más daño al gobierno.

Esa es la situación de los sindicatos y de la izquierda social en el ámbito que le es propio. Pero la realidad, para la sociedad española es más compleja. Nadie puede exigir que los sindicatos sean la alternativa política al gobierno. No se puede plantear que los sindicatos hagan frente, por si solos, a todas las políticas derivadas de la actuación de un gobierno que ha obtenido hace poco tiempo mayoría absoluta en las urnas. No se puede votar un día en las urnas a la derecha y exigir y hacer responsable a los sindicatos de la actuación del gobierno. Eso no le es exigible a los sindicatos por que es injusto y seria sumamente demagógico y farisaico por parte de la sociedad. Máximo en un momento en el que desde el gobierno se pretende eliminar o disminuir a la única oposición de izquierdas importante realmente existente, la izquierda social: los sindicatos, contra los que ha iniciado una sucia campaña de desprestigio directamente y a través de sus voceros mediáticos.

Seamos claros desde la izquierda no es de recibo descalificar a los sindicatos porque no hagan más. Aquí lo que hace falta es una alternativa, que no alternancia, de izquierdas. Porque estamos ante una grave situación política, la más grave de la democracia. Estamos ante una amplia mayoría de derechas que pretende llevar a término una profunda involución en nuestra sociedad. Es un verdadero golpe parlamentario que abre un escenario de excepción democrática. La vuelta al pasado en todos los temas, desde derechos sociales como el del aborto hasta la designación del poder judicial, la reforma laboral, el caso Garzón, hasta llegar a la violencia policial practicada en Valencia. La situación de deterioro democrático es grave y profunda. Y se precisa una respuesta desde el ámbito de la política. Esa es la debilidad y no los sindicatos que cubren más espacio del que les correspondería.

Y el panorama político de la izquierda es desolador. El centro-izquierda social-liberal del PSOE está en una situación de suma debilidad y lo que es peor sin perspectivas de solución. Asumieron acríticamente las posiciones económicas de la derecha y ahora únicamente pueden quejarse de que ahora el PP va mucho más lejos, pero el sometimiento al “dicktat” de Merkel, el cambio constitucional “express” son demostrativos de una falta de planteamiento arraigado que permita construir una alternativa.

Y a su izquierda, un magma, vivo pero desarticulado y de múltiples grupos, alguno como el más importante al menos en cuanto es una referencia global estatal, IU, restos de una izquierda anclada en el pasado que fagocita a sus mejores elementos y que va exportando hacia otras órbitas a la gente con mayor capacidad de futuro. Por otra parte experiencias interesantes pero limitadas a ámbitos territoriales, el caso más evidente y exitoso es el de ICV, pero a los que falta una mayor coordinación o referencias en el ámbito del conjunto del estado. Hay numerosas opciones y expectativas como Compromis, CHA, etc…, y otras izquierdas ya existentes hace tiempo como BNG con sus vaivenes y crisis intermitentes, etc. Y hay opciones nuevas que pretenden hacerse con un espacio, caso de Equo, pero a los que les falta experiencia y capacidad de analizar el actual contexto en el que lo más importante es unir, no dividir.

La necesidad social de que se articule una alternativa de izquierdas, unitaria con capacidad de ilusionar a la gente de izquierdas y a la vez de presionar y tender la mano para hacer políticas progresistas con el centro-izquierda del PSOE, es urgente. Es evidente que hay nicho electoral para ese Frente Amplio que demandaba Llamazares. Lo que hace falta es voluntad política por parte de los que pueden constituirlo más allá de predominios y mezquindades organizativas. El Grupo Parlamentario de la Izquierda Plural ha sido un experimento embrionario, pero a su vez demostrativo de sus limitaciones. Es necesario mucho más. Debemos tener en cuenta que sin articulación política no hay salida. Ni los sindicatos ni movimientos, que sólo son síntomas de situaciones como el 15M, pueden ser solución para la actual situación.

En este país hay izquierda, lo demuestra la propia izquierda social, hay políticos de izquierda en diversos ámbitos, veteranos y jóvenes, desde la socialdemocracia de verdad hasta el ecologismo y el altermundismo, podemos poner numerosos ejemplos, desde Josep Borrell, Antonio Gutiérrez, Gaspar Llamazares, hasta Joan Herrera, Alberto Garzón, Joan Coscubiela o Mónica Oltra. Gente con tirada hay, pero hace falta organización y sobretodo voluntad política de unidad. Poner los intereses de la sociedad de izquierda frente a los de los aparatos y los personales.

No busquemos los problemas donde no están, la hegemonía de la derecha no es culpa de la sociedad, ni de los sindicatos, es un problema de falta de alternativa es decir: falta de discurso y proyecto alternativo, falta de unidad entre quien debe conformarla y falta de organización política. En definitiva y como se dice en el título: El problema es la falta de alternativa política

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