La reforma laboral es un arma de destrucción masiva de empleos de calidad y derechos laborales

La reforma laboral es un arma de destrucción masiva de empleos de calidad y derechos laborales
Gaspar Llamazares

Si el PP hubiera incluido en su programa electoral los aspectos esenciales de esta reforma laboral, hubiera votado igualmente en contra de su aprobación en el trámite parlamentario, pero le reconocería al gobierno su legitimidad democrática para poner en marcha una iniciativa avalada por el apoyo ciudadano. Sin embargo, ocultó conscientemente esta agresión histórica a los derechos de los trabajadores en sus propuestas electorales, menos de 3 meses antes de su publicación en el BOE. Y esto nos sitúa ante un auténtico fraude político que cuestiona lo más esencial de un sistema democrático.

La lucha contra la reforma laboral representa la resistencia contra la puesta en marcha de un arma de destrucción masiva de empleos de calidad y derechos laborales pero también tiene que ser una respuesta ciudadana contra el engaño y el intento de acometer una estafa democrática de primera magnitud.

Debemos exigirle al Gobierno del PP que reconozca que no ha aprobado una reforma laboral para intentar reducir el desempleo y estimular la creación de empleo. A los hemos me remito. En el texto del Real Decreto apenas se contemplan incentivos a la contratación. El más significativo de los pocos que contiene facilita la incorporación en las PYMES de jóvenes a cambio de someterles, durante todo el primer año, a la mayor precarización que puede sufrir un trabajador: encontrarse en periodo de prueba. Toda una declaración de intenciones del modelo laboral que busca la derecha.

El PP debe admitir que lo que ha aprobado es un auténtico programa de estímulos al despido, abre las puertas a las reducciones generalizadas de sueldos y supone una inyección letal de precariedad en nuestro mercado laboral. El Partido Popular anima descaradamente a los empresarios a emplear alguna de esas tres fórmulas, tanto a aquellos que necesitan reducir costes como a los que simplemente quieren elevar aún más sus beneficios. Y por si acaso la situación mejora se les espolea a hacerlo por la vía rápida. Si esta reforma estuviera pensada para superar situaciones económicas delicadas en empresas en dificultades, se arbitrarían mecanismos para recuperar los derechos y las retribuciones en el momento de la recuperación, pero esos mecanismos no existen. Bajo el argumento de la excepcionalidad se eliminan, de un plumazo, derechos y conquistas de los trabajadores que costaron décadas alcanzar. Nunca antes en este país, los empresarios tuvieron tanto poder y los trabajadores tan poco. Esta es otro de los hitos del PP en el Gobierno.

La bandera bajo la que se defienden estas medidas ya no es la austeridad. Es la hora de otro concepto, la flexibilidad. Y bajo este concepto casi todo vale. Si la reforma de Zapatero había incluido nuevos supuestos a través de los que se podían mermar las condiciones laborales de los trabajadores, ahora se dan varias vueltas de tuerca más: todo tipo de facilidades para las bajadas unilaterales de salarios, nuevas oportunidades para descolgarse de los convenios, mayor poder empresarial que se traduce en más discrecionalidad a favor del empresario, eliminación del control público de los ERES, menos seguridad para los trabajadores, nuevas obligaciones para los desempleados con prestaciones, procedimientos menos garantistas y una larga lista de retrocesos sociales. Y, por encima de todo ello, el citado abaratamiento del despido, el más efectivo de los estímulos a la precarización.

Las barreras de salida de la empresa se empequeñecen aún más y las mayores facilidades para sustituir a los trabajadores actuales (estables y con sueldos dignos) por otros más baratos y más precarios, se convierte en la más eficaz de las coacciones posibles para desalentar a quien quiera defender sus derechos consolidados. Dicen que esta es la reforma que hacía falta en tiempos de crisis pero el motivo principal de las escasas cifras de contratación no es precisamente el miedo a no poder afrontar los gastos correspondientes a un ulterior despido. Se critica la reforma de Zapatero pero se insiste en su filosofía fallida y, por supuesto, ni se eliminan las increíbles subvenciones públicas al despido, ni se plantea que el abaratamiento general del mismo sea provisional y desaparezca en caso de recuperarse la bonanza económica. Se les ve el plumero.

Requerimos al PP a que no trate de ocultar que, descartada la posibilidad de devaluar una moneda nacional propia, no ve salida a través del empobrecimiento externo y apuesta por el recurso al empobrecimiento interno. Dicho de otra forma, apuesta por empeorar las condiciones laborales y retributivas de los trabajadores actuales, facilitando, si hiciera falta, su salida del mercado laboral para ser sustituiros por el ejército de reserva de desempleados que ha fabricado la crisis. Un ejercito de reserva masivo y plural, preparado para ocupar el lugar de una buena parte de nuestros trabajadores en activo, dispuesto en ese caso a conformarse (¡que remedio!) con salarios sensiblemente más bajos y menos derechos. Es evidente que los sacrificios son patrimonio exclusivo de la mayoría mientras la minoría sigue disfrutando de sus privilegios y sueldos millonarios. Tan grotesto como real.

Todos más pobres ¡Que se dejen de farsas! ya que el leitmotiv de esta reforma es “todos más pobres”, Rajoy debería tener la gallardía de admitirlo y contarnos como puede ayudar a salir de la crisis la rebaja de la capacidad de consumo de los trabajadores, en una economía fuertemente terciarizada como la nuestra. Que nos explique que pasará si los trabajadores y desempleados no pueden pagar sus hipotecas. ¿Acaso tendremos que volver a salvar a los bancos con el dinero público que no alcanza para mantener las políticas sociales? El consumo creciente de artículos de lujo por parte de un pequeño sector de la población, al que parece que la crisis le sienta muy bien, no parece suficiente para frenar la recesión.

Exigimos honestidad. No aceptamos más fraudes ni engaños. Y anunciamos resistencia y movilización contra otro golpe de los mercados que ataca preceptos esenciales de nuestra Constitución. Nos ponemos enfrente de quienes quieren eliminar de un plumazo derechos básicos y pretenden imponer una salida a la crisis por el camino de la destrucción del Estado del Bienestar, la privatización de los servicios públicos esenciales (educación, sanidad y servicios sociales) y el empobrecimiento generalizado del país. No nos resignamos a aceptar la salida a la crisis de que propone la derecha económica y política y que pasa por recuperar principios más propios de la Edad Media que del siglo XXI.

Es el momento de canalizar la indignación en positivo, junto a los trabajadores y sus representantes. El PP puede imponer esta reforma al Congreso gracias a su mayoría técnica pero en la sociedad somos más. La democracia está en juego.

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