LOS INICIOS DE LOS ANTISISTEMAS, INDIGNADOS Y OTRAS ESPECIES.

 

POPULISMO Y MARXISMO EN RUSIA

Andrzej Walicki

 La evolución ideológica del movimiento revolucionario se desarrolló paralelamente a los nuevos procesos de la economía y de las relaciones sociales del campo ruso.

 La verdadera explosión de esta fe romántica en los instintos socialistas del campesinado ruso fue el gran movimiento IR HACIA EL PUEBLO en 1873-1874. Cientos de miles de jóvenes, hombres y mujeres, ataviados con ropas campesinas y sin plan previo alguno, a veces sin haberse consultado entre sí, marcharon a los pueblos para saborear la vida auténtica, saludable y sencilla.

 Entre los que participaron en el movimiento pueden distinguirse dos grupos generales: los bakuninistas (Bakunin) y los lavrovistas (Lavrov), los años de la interesante controversia se remontan a los fines de 1860, sobre el valor de la educación y la ciencia desde el punto de vista de la causa revolucionaria de Bakunin, él aconsejaba a la juventud rusa abandonar sus escuelas y universidades, ya que éstas eran mera forma de explotación de masas. En una época revolucionaria argumentaba, aprender es una ocupación improcedente; los revolucionarios no necesitan la ciencia oficial, que sirve a los intereses de la clase dominante y acrecienta la desigualdad social, Segei Nechaev(1) y el príncipe Kropotkin compartían las mismas ideas; el cual en su estudio programático sobre El ideal de la sociedad futura, postulaba la liquidación total de cualquier tipo de institución de educación superior, proponiendo en su lugar talleres-escuela abiertos, que combinarían el estudio con el trabajo intelectual y el trabajo físico. Creía que estas escuelas podrían desarrollarse con gran rapidez y tener mejores resultados en la educación que en las mejores universidades existentes. Este desmesurado desprecio por la ciencia oficial se convirtió en ocasiones en una actitud desdeñosa por la educación y la ciencia como tales. No es, pues, de extrañar que Lavrov, que era a un mismo tiempo revolucionario académico, creyese necesario separarse de las ideas de Bakunin sobre este tema y oponerse a ellas.

 En los inicios del movimiento  Ir hacia el Pueblo, las diferencias entre bakuninistas y lavrovistas quedaron, por así decirlo, borradas y allanadas por el elevado entusiasmo de ambos; más tarde sin embargo, durante el trabajo diario entre los campesinos reaparecían recrudeciéndose en alguna ocasión. Los bakuninistas que constituían la mayoría, representaban el ala romántica del movimiento; los lavrovistas, aunque de acuerdo con el entusiasmo general, estaban mucho más próximos a la herencia racionalista de los hombres de la Ilustración de los años 1860. Los bakuninistas apelaban a las emociones e instintos de los campesinos; los lavrovistas deseaban enseñarles a moldear su conciencia. Los bakuninistas fueron correctamente conocidos como los rebeldes; habiendo aceptado la tesis de Bakunin, que sostenía que los campesinos rusos estaban siempre dispuestos a alzarse en rebeldía, iban por los pueblos, no a enseñar a sus habitantes, sino a impulsar su alzamiento, esperando resucitar las tradiciones rebeldes y el bandidaje; el anti intelectualismo de Bakunin y su hostilidad hacia la civilización burguesa se fusiono en su ideología con una clara crítica populista al desarrollo capitalista y con los ideales federalistas .

Los lavroristas recibieron el nombre de propagandistas. Iban al pueblo con una pacifica propaganda de ideas socialistas, esperando educar a los campesinos, preparándoles de este modo para una futura y consciente revuelta socialista. Tanto los bakuninistas como los lavrovistas sentían un gran aprecio por la comuna campesina. Los lavrovistas, por su parte, se sentían mucho menos inclinados a idealizar sus rasgos arcaicos, antediluvianos. Ambas corrientes rechazaban la lucha por la libertad política.

 Los resultados del movimiento Ir hacia el Pueblo fueron desalentadores. Sus jóvenes entusiastas fueron a menudo arrestados por la policía con la colaboración activa de aquellos a quienes se deseaban preparar para la futura revolución o levantar en una inmediata insurrección. Los campesinos rusos se mostraron mucho menos receptivos a las ideas socialistas de lo que habían creído los intelectuales revolucionarios. El movimiento populista había atravesado una gran experiencia; faltaba analizarla y sacar conclusiones.

 Los lavrovistas al perder su fe en el campesinado, dirigieron su actividad propagandística hacia los trabajadores industriales. Desarrollaron este trabajo de forma muy cauta, resaltando el trabajo educacional a largo plazo, separándose de acciones revolucionarias directas y condenando no sólo los disturbios y las algaradas, sino incluso las huelgas, puesto que las consideraban prematuras.

 (1) Sergei Nechaev (1847-82), fundador de la organización revolucionaria, totalmente centralizada y clandestina, La Venganza Popular, recurrió en sus actividades revolucionarias a la mitificación, presentándose a sí mismo como representante de la 1ª Internacional y miembro de un Comité Revolucionario de toda Rusia; fue ayudado en esto por Bakunin, que le dio distintivo especial con la inscripción de la inexistente Alliance Révolutionarie Européenne, Comité Géneral.

  El Catecismo revolucionario de Nechaev recomendaba poner en práctica métodos de lucha extremadamente despiadados e inmorales: el revolucionario, según Nechaev, desprecia y odia la ética social existente; para él, todo lo que permite el triunfo de la revolución es moral y todo lo que se interponga en su camino es inmoral. Esta regla fue aplicada en el caso de Ivan Ivanov, miembro  de la organización de Nechaev, que por protestar contra los métodos de Nechaev, fue sentenciado a muerte y ejecutado (1869). Su asesinato permitió a la policía encontrar la pista de La Venganza Popular y arrestar a sus miembros.

Para la juventud revolucionaria rusa, el asunto Nechaev, fue un tremendo golpe moral que contribuyó grandemente a la condena global de las conspiraciones revolucionarias de tipo blanquista.

Louis Auguste Blanqui propugnó la revuelta armada para tomar el poder, organizó a estudiantes e intelectuales para que formaran parte del ala intelectual de la revolución al servicio del comunismo, internacionalizó y divulgó los propósitos revolucionarios por medio del periodismo, y atrajo la atención de los dirigentes socialistas de Europa.

Representa al martir laico del comunismo pues, a pesar de ser hijo de un funcionario público de mediana importancia y de haber cursado estudios universitarios, renuncia a un futuro prometedor para convertir en realidad la visión que tenía de la sociedad, sin importarle que buena parte de su vida transcurriera en prisión ni que sufriera todo tipo de persecuciones y desengaños. Son conocidas las traiciones por parte de aquellos que lo siguieron durante sus años más aciagos, y que después lo excluyeron del reconocimiento que a pulso se había ganado durante su vida.

Blanqui fue, sin lugar a dudas, el gran centro de gravedad en torno al cual gravitó la intelectualidad estudiantil francesa del siglo XIX.