BARCELONA (II)

BARCELONA (II)
Juan Camilo Ramos

Recuerdo cuando Barcelona tenía espíritu que le impulsaba a ser una capital abierta a los distintos flujos culturales, capital cultural por excelencia del conjunto de España e Iberoamérica.

Era capital cultural desde abajo, desde los movimientos sociales y políticos de lucha por las libertades democráticas. Se producían y nacían grupos teatrales, cantautores, pintores, poetas…que daban rienda suelta a su creatividad, no sólo en palacios de concierto, sino también en los barrios; en agujeros inventados, en las calles, la efervescencia….

El modelo de ahora es la importación mercantil de la cultura hacia lugares singulares a precios desorbitados…y normalmente, lo que se escucha, lo que se ve, no tiene nada que ver con la realidad social…o sí, es que la realidad social domesticada y cara, es una parte importante de otra cultura que ha ganado su hegemonía en estos casi 35 últimos años.

¿No existe lo que añoro? Sin duda sí, lo novedoso es que lo han arrinconado en pequeños lugares, y que la contestación se ciñe a sus propios círculos: en bares, casas okupas, alguna que otra cooperativa…

La cultura oficializada pasa su factura a los que quieren estar en los círculos…y por eso lo que sale es casi todo, superficial, acrítico…volvemos a los subterráneos.

Barcelona, capital ahora de la cultura formalizada, ya no es referencia de casi nada, más que de la propia Catalunya. Pero la pérdida del espíritu de la ciudad y de su identidad, la emergencia de la confluencia de lo autóctono con lo nuevo, de un mundo plagado de nuevas gentes venidas ha abrirse paso para una vida mejor, que también recogían e invitaban a las vanguardias de sus tierras a pasear su cultura y sus novedades culturales entre nosotros, es irreparable.

Esta pérdida de capitalidad cultural más allá de las fronteras, me refiero a la que venía de los propios movimientos, ha llevado a la ciudad a la atrofia.

Hoy en Catalunya, Barcelona no es más que la pose, la cultura de los pueblos se impone a la de la propia ciudad en una vuelta a lo “tradicional” entendida además como copia constante de si misma.

En este despojamiento no es extraño que un movimiento proveniente también desde los pueblos pueda hacer mayoritarios sus criterios políticos; el nacionalismo independentista.

Que el pensamiento, normalmente conservador de los pueblos, se imponga al dinamismo y la innovación de las ciudades es novedoso, y ahistórico…se necesitará mucho tiempo para que los investigadores sociales puedan desentrañar el caso Barcelona, como renuncia a una capital cultural reconocida en Europa, para aposentarse sólo como capital de Catalunya, cosa que por cierto, ya era…

Ambos pueden dar pie a lo que algunos pueden calificar de una “Nueva Reinaxença” y en mi forma de entender el mundo ,califico como el movimiento más conservador nacido en Catalunya, entre la tradición, la búsqueda de las raíces burguesas o nobiliarias de la patría, e intereses económicos; algunos justos, otros insolidarios.

Pero este camino no es nuevo, la burguesía barcelonesa está haciendo de mediadora entre el Ajuntament y los capitales internacionales, para poner a su disposición los últimos suelos urbanos estratégicos de la ciudad.

Las coincidencias de lo que quieren los capitales dedicados al turismo global y la forma de ver la ciudad por parte del actual gobierno son de “copia y pega”. Esqueleto monumental y tradición. Si existe un “Pueblo Español” de minuatura, reproducido en Montjuic para el turismo; Barcelona será “El Pueblo Catalán” a escala 1 a 1.

La cultura de los grandes acontecimientos, y de los ídolos mediáticos, puede convivir en esa ciudad; el pensamiento único en torno a la cultura donde puede destacar todo lo tradicional, también; pero la modernidad, la experimentación, la cultura de los barrios más allá de las tradiciones, son relegadas fuera del escenario colectivo.

Así recuperar la cultura desde los propios movimientos, abiertos a lo nuevo y al exterior, ya no es una batalla banal, es una guerra de largo alcance. El escenario de la guerra es la mente de cada ciudadano. Y de momento perdemos la batalla por goleada.