BARCELONA (IV)

BARCELONA (IV)
Juan Camilo Ramos

En los primeros tiempos de la democracia, una parte importante de cargos públicos provenían del movimiento vecinal,; con su entrada en la administración entraba la reivindicación de este, las necesidades que los barrios habían ido recopilando.. Las luchas por las conquistas de mejoras sociales y urbanas se vieron recompensadas por las primeras medidas en torno a ello.

Este pacto no escrito entre el movimiento vecinal y el ayuntamiento se ha ido rompiendo en la medida que los que estaban dentro se volvían especialistas, que la renta de los mismos comenzara a ser al menos bienestante y que los agentes económicos se dieran cuenta que la izquierda formalizada no proponía ninguna ruptura, y que si controlaban el suelo de la ciudad podían controlar el diseño de la misma.

Este fue el paso que se dio en el Plan Estratégico de Barcelona, no porque fuera un mal instrumento de planeamiento, sino porque dejaron fuera a los movimientos vecinales, y se conformó un entramado de

alianzas económicas y personales que prefigurarían el urbanismo barcelonés después de los Juegos Olímpicos.

Con eso se había invertido las alianzas en el territorio, y ahora los partidos y los agentes económicos daban pie al cambio continúo del Plan General, en operaciones no siempre inteligibles para el movimiento vecinal, algunas incluso en los juzgados.

La izquierda formalizada no ha sabido hacer una lectura de la pérdida de las elecciones municipales en la ciudad, ni una autocrítica, no estoy contra ella, incluso en cierta manera me considero dentro, sino contra la incapacidad de asumir que no se puede volver a gobernar sin tener un proyecto alternativo, que devuelva la hegemonía de la reconstrucción a una nueva cultura de la ciudad, y una concepción urbana al servicio de esa cultura.

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